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En el Instituto Hispánico de Murcia te mostramos los mejores lugares de la Región para disfrutar del verano.

- Cala Cortina:

Quien pase por Cartagena hará bien en detenerse en el Barrio del Foro Romano, aunque solo sea para admirar el templo de Isis o las pinturas de las Salas de banquetes. A pie, desde el Ayuntamiento, se llega en unos 40 minutos a Cala Cortina. Esta playa suma 200 metros de arena dorada.

- El valle de Escombreras:

Siguiendo el litoral hacia el este, el máximo asombro se apodera de uno al atravesar el tercer túnel que hay en la Sierra de la Fausilla. Sorprende que se pueda atravesar libremente la densidad industrial que esconde el Valle de Escombreras.

- Portmán:

Un paisaje bien conservado avanza apresuradamente hacia nosotros. Un tranquilo escenario que entra en la tipología de playa naturista.Resulta imposible sobreponerse al estupor que suscita la bahía de Portmán —nombre derivado del Portus Mágnum romano—, con cabida para el fondeo de una flota completa. Una ensenada colmatada por 60 millones de toneladas de estériles arrojados entre 1948 y 1991 (lo que se ha llegado a considerar como uno de los mayores atentados ecológicos de la costa española), en vías, eso sí, de renaturalización. Conforme se secan los restos dragados, una cinta transportadora de 2,7 kilómetros, los devuelve a su mina original.Un cortejo de chimeneas, castilletes y aerogeneradores proyectados sobre el mar acompaña entre las casas de Portmán.

- La punta de La Chapa:

A la salida nos adentramos en el Parque Regional de Calblanque, Monte de las Cenizas y Peña del Águila. Aparcamos en la Playa del Lastre para subir al Faro de la Punta de La Chapa, desde donde se continúa por las baterías del cabo Negrete. La primera que uno se encuentra es la desartillada batería de La Chapa. Construida en 1931, cubría los espacios muertos de la más alta de las Cenizas en defensa de la base naval de Cartagena. Quedan encima de los ventanales las siluetas de los navíos enemigos.

- En busca de la cala del Barco:

En medio del verdor de los pinos, la tranquilidad se apodera de los senderistas. De los tres kilómetros de suave pendiente y curvas de amplio radio se deduce que por este vial se subieron los cañones de 86 toneladas cada uno. El portalón, inspirado en las ruinas mayas de Chichén Itzá (México), sirve de entrada a la batería del programa de defensa de Primo de Rivera, proyectado en 1926 para dotar de un cinturón defensivo a la estratégica Plaza de Cartagena. A una cota de 307 metros de altitud, las Cenizas despide el aire de misterio y melancolía de lo caído en desuso en medio de una naturaleza prístina. En lugar prominente, los dos cañones Vickers de 381 milímetros y sobrecogedor empaque, capaces de lanzar por sus tubos de 16 metros proyectiles de 886 kilos a una distancia de 35 kilómetros. A un lado, Cabo Tiñoso y, al otro, el Mar Menor.

Fuente: El Viajero y El País

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