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En Instituto Hispánico de Murcia te vamos a explicar por qué no es recomendable usar el símbolo @ para englobar los dos géneros en una misma palabra.

El empleo de la arroba para hacer explícita la alusión a los dos sexos y evitar la repetición de una palabra en masculino o en femenino, es un recurso frecuente en la lengua escrita, en particular en carteles y circulares: Querid@s compañer@s.

Sin embargo, tal y como señala el Diccionario Panhispánico de Dudas, este uso es innecesario (el masculino, como género no marcado, puede emplearse para englobar el masculino y el femenino) e inadecuado.

Hay que tener en cuenta que la arroba no es un signo lingüístico, como corrobora la Gramática académica, y que, además, esta fórmula no siempre es aplicable a la estructura de la lengua: así, por ejemplo, en el Día del Niñ@, "del" solo puede concordar con el masculino.

En inglés se dice “at“, origen de la preposición latina “ad o“. Pero el origen es oscuro, entre otros, una teoría dice que se trata de un ánfora, según un escrito de 1536 en donde un Francesco Lapiun, mercader italiano, describe la carga de tres barcos provenientes de Sevilla a Roma y sería el primero en utilizar el símbolo como “…donde una @ de vino, que es 1/13 de un barril, vale 70 u 80 ducados.” En ese caso, la arroba (@) sería nada más ni nada menos que un ánfora.

Pero la teoría del ánfora no es la única. Existen muchas más, pero la más plausible es que se trate de una unidad de medida. De allí el nombre de “arroba”, la cual es la cuarta parte de un quintal (entre 30 y 36 libras). El símbolo ya se encuentra, por esta razón, en teclados de fines del siglo XIX. En inglés pasa como “at” por ejemplo en “cien libras por pulgada cuadrada ´a´ 200 revoluciones por minuto”  que se abrevia como “100 psi @ 2000 rpm“. También en inglés aparece como “a razón de” (at the rate of) en documentos contables.

El signo pasó entonces al mundo de la informática en 1971 cuando el programador estadounidense Ray Tomlinson buscaba la manera de separar el nombre del usuario del dominio. Como el signo ya estaba incorporado en las máquinas de escribir por su uso comercial, le pareció una buena idea. En este caso, es posible decir que este usuario está en el dominio ihdemu.com.

En castellano ya existen maneras de integrar los géneros:

La terminación A u O no indica necesariamente el género femenino o masculino. Muchas palabras que termina en A no indican que se trata de una mujer, por ejemplo “periodista”.

En castellano la mayoría de sustantivos terminados en E representan un neutro, por ejemplo “presidente, alcalde, jefe…”. La terminación “presidenta, alcaldesa, jefa…” son abruptos del lenguaje impuestos por una lógica superficial. Si se dice “presidenta” tendría que decirse “presidento”.

La forma “niños” no es exclusiva a los varones. En la misma también se incluyen las niñas. La forma “niñas” sí es exclusiva de géneros y excluye a los varones.

Las formas que ciertos grupos ideológicos, especialmente en América del Sur imponen en sus discursos como decir “los empleados y las empleadas”, es un abrupto del idioma. Existen en el lenguaje otras maneras de hacer resaltar la integración de género sin destrozar el idioma.

fuente: fundeu y cultura internet

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