¿Escalada o desescalada?: el lenguaje de los aumentos y reducciones en español

Carmen Hernández 8 min 0 Comentarios
Instituto Hispánico de Murcia - ¿Escalada o desescalada?: el lenguaje de los aumentos y reducciones en español

En los últimos años, especialmente durante la pandemia del coronavirus, el español ha incorporado y popularizado términos como escalada y desescalada para describir con rapidez procesos de incremento o disminución en distintos contextos: crisis sanitarias, conflictos políticos, tensiones sociales, etc. Pero ¿son estos términos adecuados?, ¿hay alternativas más precisas?, ¿cómo se forman y cuál es su origen? En este artículo analizamos su validez, uso correcto y opciones recomendadas, así como su evolución y recepción dentro de la lengua española.

El significado de «escalada» y su uso correcto

La palabra escalada, según el Diccionario de la Real Academia Española (RAE), tiene varias acepciones. La que nos interesa en este contexto es la que se refiere a un “aumento rápido y por lo general alarmante de algo, como los precios, los actos delictivos, los gastos o los armamentos”. Esta definición justifica perfectamente su uso en frases como:

  • «Suecia estudia revertir su negativa al confinamiento por la escalada de contagios».
  • «La escalada de tensión entre los dos países ha provocado preocupación internacional».

Es decir, no solo se emplea correctamente, sino que está documentada y reconocida como una forma válida de describir una intensificación rápida, especialmente si esta provoca preocupación o alarma. Su uso no se limita únicamente al ámbito bélico o económico: puede referirse también a epidemias, crisis políticas, tensiones diplomáticas, violencia social o discursos polarizantes. El componente de velocidad o intensidad es fundamental para justificar su uso, ya que una escalada suele implicar un cambio brusco y significativo, más allá de un simple crecimiento progresivo.

Además, esta palabra transmite una imagen metafórica poderosa: la de algo que va subiendo por etapas, como en una escalada de montaña, lo cual ayuda a visualizar el concepto de aumento gradual pero decidido.

¿Y qué pasa con «desescalada»?

Desescalada es un término derivado directamente de escalada, formado mediante el prefijo des-, que indica inversión o negación. Aunque no aparece de momento en el Diccionario académico de la RAE, sí está ampliamente documentado en el uso, especialmente en medios de comunicación y documentos oficiales desde el año 2020, coincidiendo con el proceso de levantamiento progresivo de las restricciones impuestas durante la pandemia.

Su significado es claro: se refiere al proceso de reducción progresiva de medidas excepcionales o al descenso de situaciones conflictivas o intensas. Algunos ejemplos típicos de su uso serían:

  • «¿Cómo será la desescalada de las medidas contra el coronavirus?».
  • «Sánchez pide una desescalada de la tensión política».
  • «Las autoridades planifican la desescalada gradual del confinamiento».

Aunque todavía se considere un neologismo reciente, su formación es coherente con las reglas del español y, por tanto, es válida. De hecho, sigue el mismo patrón que otras palabras ya consolidadas como desempleodescenso o desconexión. Además, su uso se ha extendido de manera rápida y generalizada, lo cual refuerza su legitimidad desde el punto de vista del uso real, uno de los criterios que las instituciones lingüísticas modernas consideran clave para valorar la adecuación de un término.

Influencia del inglés: del verbo to escalate a escalar

Una de las razones por las que escalada y desescalada se han popularizado en este sentido es la influencia del inglés, especialmente en contextos internacionales. El verbo to escalate, que el Oxford English Dictionary define como “to increase rapidly” (aumentar rápidamente), ha sido adoptado de forma indirecta en español con un significado similar.

En este sentido, también ha aparecido en el español contemporáneo el uso del verbo escalar con una acepción distinta a la habitual “subir por una pared o montaña”. Así, en frases como:

  • «Escala la tensión en Oriente Medio».
  • «La policía se retiró para no escalar los enfrentamientos».

…el verbo escalar se utiliza como equivalente de “intensificarse” o “hacer que algo se intensifique”. Aunque suene novedoso, este uso es cada vez más frecuente y, según los lingüistas, no se considera incorrecto. Lo mismo ocurre con desescalar, como en:

  • «Los líderes internacionales apuestan por desescalar el conflicto».

Se trata de préstamos semánticos, es decir, de adaptaciones de significados procedentes de otra lengua (en este caso, el inglés), aplicados a palabras ya existentes en español. Aunque algunos puristas del idioma prefieren evitar este tipo de influencias, la historia del español demuestra que la lengua evoluciona constantemente a través del contacto con otras lenguas, y que esta evolución enriquece su expresividad.

Alternativas más tradicionales y precisas

Aunque escalada y desescalada sean aceptables, existen otros sustantivos y verbos que pueden expresar el mismo significado de forma más precisa o natural en algunos contextos. Por ejemplo:

Sustantivos para aumento:

  • Aumento
  • Incremento
  • Crecimiento
  • Intensificación
  • Subida

Sustantivos para disminución:

  • Reducción
  • Decremento
  • Rebaja
  • Relajación
  • Descenso

Verbos relacionados con aumento:

  • Aumentar
  • Incrementar
  • Elevar
  • Intensificar

Verbos relacionados con disminución:

  • Disminuir
  • Reducir
  • Rebajar
  • Relajar

Estas opciones pueden resultar más claras, especialmente en contextos técnicos, médicos o académicos donde la precisión del lenguaje es fundamental. Así, en lugar de decir «la desescalada de las restricciones sanitarias», podría decirse «la reducción de las restricciones» o «la relajación de las medidas».

Además, utilizar estos términos más tradicionales puede ser útil para evitar ambigüedades o neologismos que no todos los hablantes dominan. Esto es especialmente relevante cuando nos dirigimos a personas que están aprendiendo español o que no están familiarizadas con el vocabulario más reciente difundido por los medios de comunicación.

Ejemplos con alternativas posibles

Para observar las diferencias de estilo o precisión, veamos cómo se podrían reformular algunas frases reales:

  • «Suecia estudia revertir su negativa al confinamiento por la escalada de contagios».
  • Alternativa: «Suecia estudia revertir su negativa al confinamiento por el aumento de contagios».
    • «¿Cómo será la desescalada de las medidas contra el coronavirus?».
  • Alternativa: «¿Cómo será la reducción de las medidas contra el coronavirus?» o «¿Cómo se llevará a cabo la relajación de las restricciones?».
    • «Sánchez pide una desescalada de la tensión política».
  • Alternativa: «Sánchez pide una disminución de la tensión política» o «Sánchez reclama una rebaja del tono político».

Aunque las formas con escalada/desescalada tienen una fuerte carga mediática y expresiva, las alternativas clásicas pueden aportar mayor claridad, especialmente en contextos formales o en textos dirigidos a un público internacional que no esté familiarizado con estos neologismos.

Conclusión: ¿es válido decir «escalada» y «desescalada»?

Sí, ambas formas son correctas y comprensibles dentro del español contemporáneo, especialmente en contextos relacionados con crisis, conflictos o medidas gubernamentales. Escalada está registrada oficialmente en el diccionario académico con el significado que nos interesa. Desescalada, aunque más reciente, está bien formada y se ha extendido ampliamente, por lo que su uso también es válido.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que existen sinónimos más antiguos, técnicos o precisos que pueden ajustarse mejor al tono o propósito de un texto. La riqueza del español permite elegir entre múltiples opciones: unas más expresivas y mediáticas, otras más neutras y tradicionales.

La clave está en el contexto y en el efecto comunicativo que deseamos provocar. En definitiva, tanto escalada como desescalada reflejan no solo procesos sociales o políticos, sino también cómo evoluciona y se adapta el lenguaje a nuevas realidades, especialmente cuando estas requieren nuevas formas de nombrar fenómenos que no existían o que no eran relevantes anteriormente.

Este fenómeno demuestra que el idioma no es una entidad fija, sino una herramienta viva y flexible que responde a los cambios del mundo que nos rodea. Por eso, lejos de censurar estos términos, lo importante es comprender su origen, su funcionamiento y sus alternativas, para poder elegir con criterio la palabra más adecuada en cada situación.

 

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ESCRITO POR Carmen Hernández
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¡Hola! Mi nombre es Gabriela. Soy una chica bastante extrovertida, con ganas de hacer cosas nuevas y, como no, de conocer personas de diferentes partes del mundo. Me encantan los animales, la naturaleza, la fotografía y el arte. Además, toco el clarinete.

Estudié Grado en Publicidad y Relaciones Públicas, un máster en Marketing Digital, otro máster en Formación del Profesorado, un post-máster en Habilidades y Liderazgo Empresarial y la especialización en Neuromarketing.

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