Murcia tiene muchos tesoros escondidos. Sus paisajes, su historia, su gente… pero si hay algo que despierta pasiones (¡y apetitos!) en esta región es su gastronomía. Y entre todos sus platos, hay uno que destaca por historia, sabor y orgullo local: el pastel de carne murciano. Un bocado crujiente, jugoso y profundamente arraigado a la identidad murciana. ¿Pero es suficiente para ser considerado Bien de Interés Cultural inmaterial? Muchos piensan que sí. Y con razón.
¿Una delicia sin reconocimiento?
Desde hace unos años, distintas asociaciones culturales y defensores del patrimonio han luchado por que el pastel de carne murciano reciba el reconocimiento que merece. Se propuso que fuera declarado Bien de Interés Cultural (BIC) de carácter inmaterial, un título que no solo protegería la receta y la tradición, sino que también reconocería su valor como símbolo de identidad colectiva. Sin embargo, la propuesta fue rechazada por la Consejería de Cultura del Gobierno de la Región de Murcia, generando una gran polémica y decepción entre muchos murcianos.
Una historia que se repite
Este no es el primer caso. Una situación similar ocurrió con el café asiático, típico de Cartagena, que también aspiró a recibir este reconocimiento sin éxito. Pero en el caso del pastel de carne, el rechazo ha dolido especialmente. ¿Por qué? Porque estamos hablando de un plato que representa siglos de historia, costumbres, saberes culinarios y comunidad. No es solo una receta: es una parte viva del alma murciana.
¿Quién defiende su reconocimiento?
La Asociación para la Conservación de la Huerta y el Patrimonio de Murcia (HUERMUR) ha sido una de las entidades más activas en esta batalla cultural y emocional. Tras la negativa del Gobierno Regional, HUERMUR interpuso un recurso contencioso-administrativo, que fue admitido a trámite por el Tribunal Superior de Justicia de la Región. En su defensa, argumentan que el informe oficial que rechazó la solicitud omitía más de la mitad de los hechos presentados, dejando fuera datos históricos y culturales fundamentales.
Y es que el pastel de carne no es un capricho moderno, sino una tradición con raíces profundas.
Orígenes medievales
Para entender por qué este plato merece ser BIC, hay que viajar en el tiempo… concretamente, a la Edad Media. Se cree que el pastel de carne murciano tiene su origen en el siglo XVII, aunque ya se elaboraban versiones anteriores siglos atrás. Una prueba clara es la ordenanza dictada por el rey Carlos II en 1695, que regulaba estrictamente su preparación. ¿Te imaginas un pastel tan importante como para merecer leyes reales?
La norma prohibía el uso de ciertos tipos de carne (como la de cabra o de animales muertos por causas naturales), y establecía penas severas para quien se atreviera a desobedecer. El castigo: dos años de destierro y una multa de tres mil maravedís. ¡La seguridad alimentaria ya era un asunto serio en aquella época!
En el arte y la literatura
El pastel de carne no solo ha sido importante en la cocina, también ha estado presente en el arte. Uno de los ejemplos más bonitos es el cuadro de Murillo «Niños comiendo pastel», pintado entre 1670 y 1675, y que se conserva actualmente en la Alte Pinakothek de Múnich (Alemania). En él se muestra a dos niños disfrutando de este manjar, lo que demuestra su popularidad entre todas las clases sociales de la época.
También el escritor y periodista José Martínez Tornel, cronista e historiador murciano, lo describió con detalle en 1894. Su descripción sigue siendo sorprendentemente precisa y cercana a la receta que aún hoy se elabora.
¿Cómo es el pastel de carne?
Ahora bien, si aún no lo has probado (¡imperdonable!), te contamos cómo es este manjar murciano: una base de masa hojaldrada, ligera pero resistente, que envuelve un relleno de carne picada, huevo duro y chorizo, aunque hay muchas variantes. Su superficie está cubierta por una espiral de hojaldre que se convierte en una obra de arte dorada y crujiente tras pasar por el horno. El contraste entre el exterior crujiente y el interior jugoso lo hace simplemente irresistible.
Hay quienes lo acompañan con una cerveza bien fría, otros con un vino de Jumilla. Pero lo importante es comerlo caliente, recién hecho, y preferiblemente, ¡de pie frente a una pastelería murciana!
El Día del Pastel de Carne
Para celebrar su legado, el 15 de abril de 2009 se celebró el primer Día del Pastel de Carne en la ciudad de Murcia. Desde entonces, este evento se ha repetido cada año, convirtiéndose en una fecha señalada para los amantes de esta delicia. Durante ese día se organizan concursos, degustaciones, talleres de cocina y otras actividades que rinden homenaje a un icono gastronómico de la región. Todo el mundo come pastel de carne ese día, desde niños hasta abuelos.
¿Qué significaría ser BIC?
Ser declarado Bien de Interés Cultural inmaterial significaría que el pastel de carne contaría con protección legal, apoyo institucional y reconocimiento como parte esencial del patrimonio cultural murciano. También abriría la puerta a subvenciones, promoción turística y a su inclusión en rutas gastronómicas oficiales. No es solo una etiqueta: es una forma de asegurar que esta tradición no se pierda nunca.
Además, sería un impulso enorme para el comercio local, ya que muchas panaderías y pastelerías murcianas se especializan en su elaboración. Reconocerlo como BIC significaría dar visibilidad y valor a los oficios tradicionales que aún sobreviven gracias a recetas como esta.
La emoción de un pueblo
Más allá de leyes y reconocimientos, lo que está en juego es el orgullo de un pueblo. El pastel de carne no es solo un producto de panadería, es un símbolo de reuniones familiares, meriendas con amigos, celebraciones escolares, y meriendas improvisadas. Es la infancia de muchos murcianos, el olor que sale de las panaderías en el centro, la excusa para una conversación en una terraza.
Como bien dijo una vez un chef murciano: “el pastel de carne es nuestra bandera, pero se come”.
¿Y tú qué opinas?
En el Instituto Hispánico de Murcia creemos que la cultura se aprende también con el paladar. Por eso, animamos a nuestros estudiantes a probar este icono gastronómico cuando vienen a estudiar español en Murcia. Porque, al fin y al cabo, entender una lengua también significa comprender su gente, sus sabores, sus costumbres.
Así que, si pasas por aquí, no te vayas sin probar un pastel de carne. Y si ya lo conoces, únete a la causa: comparte su historia, apóyalo, cuéntaselo a tus amigos, ¡y que nadie diga que esto es solo una empanada más!
Murcia tiene en sus manos uno de los tesoros gastronómicos más únicos del país. Reconocerlo como BIC no es solo un acto simbólico. Es una manera de preservar, valorar y compartir con el mundo una parte deliciosa de nuestra identidad.



