España, caña y tapa: el origen sabroso de una costumbre muy nuestra

Carmen Hernández 7 min 0 Comentarios
Instituto Hispánico de Murcia - España, caña y tapa: el origen sabroso de una costumbre muy nuestra

Si hay algo que une a todos los españoles (y a miles de extranjeros enamorados de este país), eso es sin duda el amor por las tapas. Da igual si eres del norte o del sur, si vives en un pueblo o en una gran ciudad: a todos nos encantan esas pequeñas delicias que acompañan una bebida fría, una charla con amigos y, por qué no, una buena siesta después. Pero… ¿alguna vez te has preguntado de dónde vienen las tapas?

Lo cierto es que nadie lo sabe con certeza. Hay muchas teorías, leyendas, versiones románticas y otras más prácticas. Eso sí, en casi todas aparece algún rey con hambre, sed y sentido común. Te invitamos a un viaje curioso por las historias más sabrosas (y misteriosas) del origen de las tapas. ¡Vamos allá!

Una enfermedad, un rey y un remedio muy sabroso

Una de las teorías más populares tiene como protagonista a Alfonso X “el Sabio”, que reinó en Castilla allá por el siglo XIII. Se dice que, tras sufrir una enfermedad, su médico le recomendó beber pequeños sorbos de vino a lo largo del día (¡qué receta tan interesante!). Para evitar los efectos del alcohol en ayunas, el rey empezó a tomar pequeñas porciones de comida junto al vino.

El experimento fue todo un éxito: el rey se recuperó… ¡y además se aficionó al picoteo! Tanto le gustó la idea que ordenó que en todos los mesones de Castilla no se sirviera vino sin un poco de comida al lado. Así, según esta leyenda, nacieron las tapas: como un acto de protección real contra las borracheras prematuras.

Tapar para proteger (la copa y al bebedor)

Otra teoría muy extendida dice que el origen de las tapas está en la necesidad práctica de tapar la copa. En los antiguos caminos polvorientos de España, los viajeros paraban a descansar en tabernas y ventas. Allí pedían una copa de vino, pero el viento, el polvo e incluso las moscas eran un problema constante. ¿Solución? Tapar la copa con algo… y si ese algo era comestible, mucho mejor.

Aquí aparece otra vez un rey, pero esta vez es Alfonso XIII, uno de los monarcas más viajeros del siglo XX. Según la leyenda, durante una visita a Cádiz, paró en una venta llamada El Ventorrillo del Chato. Pidió una copa de Jerez, pero en ese momento entró una ráfaga de viento que llenó el local de arena. Para evitar que se le estropeara la bebida, el camarero cubrió la copa con una loncha de jamón.

El rey, sorprendido, preguntó qué era eso. El camarero, muy rápido, respondió:
—Majestad, le he puesto una tapa para que no le entre arena.

Y Alfonso XIII, encantado con la idea, se comió el jamón y pidió otra copa… con tapa, por favor. Dicen que todos los presentes imitaron al rey, y así nació una moda que ya no se detendría.

Reyes Católicos, taberneros y carreteros borrachines

Otra historia nos lleva de nuevo al reinado de los Reyes Católicos, Isabel y Fernando. Preocupados por los accidentes que sufrían los carreteros al salir de las tabernas —al parecer, el vino corría más que los caballos—, decidieron tomar cartas en el asunto.

La solución fue simple pero efectiva: obligaron a los taberneros a servir siempre una ración de comida junto con la bebida. De esta manera, los bebedores tenían que comer algo antes de seguir con el vino, lo cual evitaba (en teoría) las borracheras más peligrosas.

El plato típico para este “control de calidad” era un trozo de queso o jamón que se colocaba literalmente encima de la copa, cubriéndola. Y de ahí viene, según algunos, el término “tapa”. Una forma de proteger la bebida… y también al bebedor.

Moscas, embutidos y cortesía real

¿Y qué pasa con las moscas? Pues también tienen su parte en esta historia gastronómica. Otra leyenda (¡sí, hay muchas!) cuenta que durante un viaje por Andalucía, los Reyes Católicos pararon en una venta entre San Fernando y Cádiz. Hacía calor, había muchas moscas, y la situación no era precisamente ideal para tomar un vinito en paz.

Fernando II, molesto por los insectos, pidió al tabernero que le tapase la copa con algo. El hombre, rápido y apañado, puso una loncha de embutido encima del vaso.
—Aquí tiene su tapa, majestad —le dijo.
Y, según cuentan, así se popularizó el uso de “tapas” como pequeños bocados para cubrir la bebida, especialmente en verano, cuando las moscas estaban más activas.

¿Realidad o leyenda?

Después de leer todas estas historias, te estarás preguntando: ¿alguna de estas es verdadera? ¿Realmente las tapas surgieron por un rey enfermo, por el viento de Cádiz o por las moscas andaluzas?

La verdad es que nadie lo sabe con seguridad. Lo más probable es que todas estas leyendas contengan algo de verdad, pero que ninguna sea completamente cierta. Lo que sí sabemos es que el concepto de tapa evolucionó con el tiempo: empezó como un gesto práctico o una obligación real, y acabó convirtiéndose en una tradición social, cultural y deliciosa.

Tapear: más que comer, una forma de vivir

Hoy en día, ir de tapas o “tapear” no es solo una costumbre gastronómica. Es un estilo de vida. Reunirse con amigos, pedir varias raciones pequeñas, probar un poco de todo, compartir, descubrir nuevos sabores y, sobre todo, disfrutar del momento.

En ciudades como Granada, Almería o León, todavía se mantiene la tradición de servir una tapa gratuita con cada bebida. En otros lugares se paga aparte, pero la oferta es tan variada que casi merece la pena: tortilla, ensaladilla, calamares, croquetas, patatas bravas, queso manchego, chorizo, pulpo a la gallega… ¡y la lista sigue!

Las tapas son también una forma perfecta de conocer la gastronomía local sin arruinarse. Puedes recorrer una ciudad entera saltando de bar en bar, probando un poquito aquí y allá, mientras descubres calles escondidas, rincones con encanto y la vida auténtica de cada barrio.

Un símbolo de identidad gastronómica

Las tapas son hoy en día uno de los grandes tesoros culturales de España. No solo forman parte del día a día, sino que se han convertido en un reclamo turístico, en una experiencia que todos quieren vivir.

De hecho, muchos restaurantes en otros países han adoptado el concepto de “tapas” como una forma de ofrecer platos pequeños para compartir. Pero como las tapas españolas, auténticas, caseras y acompañadas de una buena caña o un vino tinto, no hay nada igual.

¿Y tú, con qué tapas te quedas?

Ya sea por una historia de reyes, por culpa de las moscas o simplemente porque alguien tuvo una gran idea, lo importante es que hoy podemos disfrutar de esta tradición tan sabrosa. Así que la próxima vez que pidas una tapa, recuerda que estás participando en una historia centenaria llena de sabor, ingenio y mucha, mucha leyenda.

Y ahora que lo sabes… ¿qué tapa te vas a pedir?

 

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ESCRITO POR Carmen Hernández
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¡Hola! Mi nombre es Gabriela. Soy una chica bastante extrovertida, con ganas de hacer cosas nuevas y, como no, de conocer personas de diferentes partes del mundo. Me encantan los animales, la naturaleza, la fotografía y el arte. Además, toco el clarinete.

Estudié Grado en Publicidad y Relaciones Públicas, un máster en Marketing Digital, otro máster en Formación del Profesorado, un post-máster en Habilidades y Liderazgo Empresarial y la especialización en Neuromarketing.

Estaré encantada de recibirte y poder resolver todas tus dudas con la mejor de mis sonrisas y atenciones.