El Puente de los Peligros y la batalla contra el río

Carmen Hernández 7 min 0 Comentarios
Instituto Hispánico de Murcia - El Puente de los Peligros y la batalla contra el río

Murcia es una ciudad de luz. De huerta, de terrazas, de calles que huelen a limonero y a pan recién hecho. Pero también es una ciudad atravesada —literalmente— por el agua. El río Segura serpentea su casco urbano como una cicatriz antigua, una que guarda secretos, leyendas y miedos. Y en medio de esa historia fluvial, se alza un puente de piedra que ha visto pasar siglos, lluvias, procesiones, besos y promesas. Un puente que, aunque muchos lo llaman simplemente el viejo, esconde una historia de fe, de sustos… y de milagros. Bienvenidos al Puente de los Peligros.

Un puente con nombre de susto (o de protección divina)

Construido entre los años 1718 y 1742, el Puente de los Peligros es el más antiguo que se conserva en la ciudad de Murcia. Se trata de una construcción de piedra en arco sobre el río Segura, que conecta el barrio del Carmen con el centro de la ciudad. Antes de él, había otros pasos de madera o estructuras provisionales, pero el actual fue pensado para durar… y vaya si lo ha hecho.

Muchos murcianos y murcianas lo conocen también como Puente Viejo, sobre todo para diferenciarlo del Puente Nuevo (o de Hierro), que se construyó más de 150 años después, en 1903. Sin embargo, su nombre más popular —y el más curioso— es Puente de los Peligros. ¿Por qué un nombre tan inquietante para un lugar tan tranquilo y bonito? La respuesta está en una pequeña hornacina que se encuentra en uno de sus extremos.

La Virgen de los Peligros: guardiana del río

En el lado norte del puente, justo en la entrada desde el centro, hay una hornacina con una imagen de la Virgen de los Peligros, una figura religiosa que forma parte del corazón simbólico de Murcia. Desde el siglo XVIII, esta virgen ha sido venerada como protectora de la ciudad, especialmente en momentos de peligro… y muy especialmente en los momentos en que el Segura se desbordaba.

La tradición cuenta que, cuando las lluvias eran intensas y el río crecía amenazando con arrasar la ciudad, los vecinos acudían en masa a rezarle a esta virgen. Pero no solo rezaban: también lanzaban su corona al río, con la esperanza (o la fe absoluta) de que eso calmara las aguas. Sí, has leído bien: arrojaban la corona al agua como si fuese un ancla mágica que pudiera detener la crecida. Y, según las crónicas populares, muchas veces… funcionaba.

Un río impredecible (y algo vengativo)

Hoy en día el río Segura suele parecer manso, casi decorativo. Pero no siempre fue así. Durante siglos, este río fue un vecino complicado, con fama de inestable. Su curso era caprichoso, sus crecidas imprevisibles y, en ocasiones, letales. Inundaciones como las de 1651, 1879 o 1946 dejaron cientos de víctimas y miles de casas destruidas.

Por eso, el río no solo era temido: era tratado casi como una entidad viva, a la que había que convencer, calmar o incluso increpar. De hecho, una de las prácticas más curiosas que se llevaban a cabo en Murcia consistía en subirse al quinto piso de la Catedral y gritarle al río para que retrocediera. Imagínate la escena: un sacerdote o un vecino devoto, en lo alto del campanario, señalando con el dedo al Segura y diciéndole “¡ya está bien!”. Porque cuando la razón no alcanza, se recurre a la emoción… o al grito.

Y entre tanto caos, el Puente de los Peligros era testigo silencioso de todo. Lo cruzaban los vecinos para ir a trabajar, para vender productos en la plaza, para llevar a sus hijos a la escuela… y también para despedirse de la ciudad cuando el río amenazaba con tragársela.

El puente como símbolo

Pero no todo en esta historia es tragedia. El Puente de los Peligros también ha sido, y sigue siendo, un símbolo de esperanza, de protección, de paso entre mundos. Une el casco antiguo con el barrio del Carmen, el ayer con el hoy, la leyenda con la vida cotidiana. Es un lugar de encuentro, de fotografías, de atardeceres dorados sobre el agua. Y es uno de los puntos más icónicos del centro de Murcia.

Durante las fiestas de primavera, por ejemplo, verás a grupos de jóvenes cruzando el puente camino de los huertos, luciendo trajes típicos o simplemente riendo al sol. En Semana Santa, los pasos procesionales lo atraviesan entre incienso y tambores. Y en cualquier día del año, no falta quien se detenga unos segundos en la hornacina de la virgen para hacer una pequeña oración o, simplemente, mirar el río y respirar.

Un detalle curioso: la barandilla de forja

Uno de los elementos más distintivos del puente es su barandilla de forja, colocada en el siglo XIX. Si te fijas bien, verás que no hay dos tramos exactamente iguales. Es como si el herrero hubiese ido improvisando o jugando con los diseños. ¿Sabías que en esa época era común que los artesanos dejaran pequeñas “firmas secretas” en su trabajo? Algunos dicen que hay iniciales escondidas, otros que ciertos dibujos representan objetos religiosos. Te retamos a buscarlos.

¿Todavía hay peligro?

Hoy en día, gracias a la modernización de los cauces y al control de presas como la del Cenajo o la Fuensanta, las grandes inundaciones son cosa del pasado. Pero el respeto (y el cariño) por la Virgen de los Peligros sigue muy vivo. Cada 8 de septiembre, en su festividad, se realizan actos religiosos en su honor. Y no faltan quienes, en días de tormenta, lanzan miradas preocupadas al río y murmuran: “Virgencica, que no se enfade el Segura”.

Además, en los últimos años se han realizado proyectos para revitalizar la ribera del río y convertirla en un espacio verde, accesible, vivo. El paseo del Malecón, los embarcaderos, los nuevos parques y carriles bici están devolviendo al río su papel como lugar de encuentro… aunque nadie olvida que, debajo de esa calma, hay una historia de fuerza y de miedo antiguo.

Una joya entre el sol y el agua

Murcia presume de tener más de 3000 horas de sol al año. Y no hay mejor lugar para disfrutar de una de esas horas doradas que sobre el Puente de los Peligros, viendo cómo el sol se refleja en el agua y cómo la ciudad sigue su ritmo al otro lado. Allí, donde la historia se mezcla con la leyenda, y donde una virgen sigue protegiendo, silenciosa, los pasos de quienes cruzan.

Así que la próxima vez que estés en Murcia, acércate al puente. Mira hacia la hornacina. Escucha el rumor del río. E imagina a aquel vecino del siglo XVIII, lanzando la corona de la virgen al agua, esperando un milagro. Porque, a veces, los milagros están justo ahí, en las cosas que damos por hechas: un puente, un río, una imagen… y una ciudad que nunca se rinde.

¿Te ha gustado esta historia? Si quieres descubrir más rincones misteriosos, simbólicos y sorprendentes de Murcia, ¡sigue leyendo nuestro blog! Porque detrás de cada piedra, cada calle y cada palabra, hay algo que merece ser contado.

 

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ESCRITO POR Carmen Hernández
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¡Hola! Mi nombre es Gabriela. Soy una chica bastante extrovertida, con ganas de hacer cosas nuevas y, como no, de conocer personas de diferentes partes del mundo. Me encantan los animales, la naturaleza, la fotografía y el arte. Además, toco el clarinete.

Estudié Grado en Publicidad y Relaciones Públicas, un máster en Marketing Digital, otro máster en Formación del Profesorado, un post-máster en Habilidades y Liderazgo Empresarial y la especialización en Neuromarketing.

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