¿Alguna vez has recibido un correo que empieza con “Querid@s compañer@s” y te has preguntado de dónde viene ese símbolo tan raro en medio de una palabra? ¿O por qué algunos escriben niñ@s o alumn@s en vez de “niños” o “alumnos”? Si la respuesta es sí, sigue leyendo porque este artículo está hecho para ti.
Vamos a hablar de la famosa arroba (@), ese símbolo que se ha convertido en el protagonista de una de las polémicas más vivas sobre el lenguaje inclusivo en español. ¿De verdad sirve para incluir a todos los géneros? ¿De dónde viene exactamente ese símbolo? ¿Y qué opinan los expertos? Spoiler: la historia de la arroba es mucho más antigua y curiosa de lo que imaginas.
¿Qué significa realmente usar la arroba en palabras como “tod@s”?
Desde hace algunos años, la arroba se ha utilizado como una solución rápida y visual para evitar escribir tanto el masculino como el femenino. Así, en lugar de decir “todos y todas”, algunas personas escriben “tod@s”. Lo mismo ocurre con amig@s, niñ@s, profesor@s, etc. La idea detrás de esto es buena: incluir a todas las personas, sin dejar fuera a nadie.
Este uso, sin embargo, solo aparece en la escritura, no en el habla. ¿Cómo se pronuncia “@”? No se puede. No existe un sonido en español que represente a ese símbolo. Y aquí empieza el primer gran problema: es imposible leer en voz altafrases con arrobas sin tener que explicar qué se quiere decir.
Además, la Gramática académica y el Diccionario panhispánico de dudas (DRAE) señalan que este uso es innecesario e inadecuado, ya que la forma masculina plural en español ha funcionado siempre como género no marcado, es decir, como una forma que incluye a hombres y mujeres en el plural. Cuando decimos “los niños”, nos estamos refiriendo tanto a los niños como a las niñas. Y aunque eso pueda parecer injusto o poco representativo para algunas personas, la lógica del idioma no siempre coincide con las luchas sociales.
¿Pero de dónde viene realmente la @?
Ahora viene lo mejor. Aunque muchos piensan que la arroba nació con Internet y los correos electrónicos, lo cierto es que este símbolo tiene un pasado muy largo y sorprendente. Viajemos en el tiempo.
Una de las teorías más pintorescas dice que la arroba representaba un ánfora (un recipiente antiguo para transportar vino o aceite), y que su uso se documenta ya en 1536. Un comerciante italiano llamado Francesco Lapi escribió una carta en la que mencionaba una “@ de vino”, equivalente a una fracción de un barril. En ese contexto, la arroba era simplemente una medida.
Y es que, de hecho, la palabra «arroba» ya existía en español mucho antes del teclado o de los ordenadores. Era (y sigue siendo) una unidad de peso que equivale a la cuarta parte de un quintal, es decir, entre 11 y 13 kilos aproximadamente. Así que sí, aunque te suene extraño, la palabra viene del árabe ar-rubʿ que significa “la cuarta parte”.
¿Cómo acabó la arroba en tu dirección de correo electrónico?
El gran salto de la @ al mundo digital ocurrió en 1971, cuando Ray Tomlinson, un ingeniero estadounidense, necesitaba crear un sistema para enviar mensajes entre ordenadores. Para ello, debía encontrar un símbolo que no formara parte de los nombres de usuarios, y que pudiera separar el nombre del servidor.
¿Y qué encontró en el teclado? La vieja conocida: @.
Como la arroba ya estaba presente en las máquinas de escribir por su uso comercial, Tomlinson pensó: “Esto servirá”. Así nació la estructura que usamos hoy en día: usuario@dominio.com. De hecho, en inglés se pronuncia “at” (que significa “en”), y tiene sentido: “nombre de usuario en el servidor”.
Gracias a Internet, la @ se volvió un símbolo universal. Hoy en día es imposible concebir el correo electrónico o las redes sociales sin ella. Instagram, Twitter, TikTok… todos usan la @ para etiquetar a usuarios. Pero eso no quiere decir que funcione como una herramienta para cambiar las reglas del español.
¿Por qué el uso de la arroba como género neutro no funciona?
Volvamos al tema del lenguaje. Usar la @ como reemplazo de las letras “a” o “o” para hablar de todos los géneros suena moderno, visual, activista… pero no tiene fundamento lingüístico. La Real Academia Española lo deja claro: la arroba no es un signo lingüístico. Es un símbolo comercial, una convención, pero no puede sustituir letras ni formar parte oficial de las palabras.
Además, no se puede aplicar en todos los contextos gramaticales. Por ejemplo, si escribimos “Día del niñ@”, el artículo “del” está en masculino, lo que crea una contradicción. Si quisiéramos feminizarlo, deberíamos decir “de la niña”, pero eso ya es otra frase. O sea, la gramática no se puede doblar tan fácilmente.
Alternativas reales y correctas para hablar de forma inclusiva
¿Significa eso que tenemos que conformarnos con el masculino genérico y olvidar la inclusión? Para nada. El español tiene muchas formas válidas y naturales de hablar de forma inclusiva sin alterar la estructura del idioma. Aquí tienes algunos ejemplos:
- Usar colectivos neutros: en lugar de decir “los alumnos y las alumnas”, se puede decir “el alumnado”.
- Sustantivos epicenos: palabras que valen para ambos géneros, como la persona, el personaje, el individuo, la víctima.
- Sustantivos terminados en -e: estudiante, presidente, amante, intérprete… son palabras que no cambian según el género. Un hombre y una mujer pueden ser presidente, sin necesidad de inventarse un “presidento”.
- Contexto y equilibrio: no hace falta repetir masculino y femenino en todas las frases. Puedes alternar, jugar con el lenguaje, buscar formas creativas, pero sin forzar la gramática.
Y entonces… ¿qué pasa con palabras como “presidenta” o “jefa”?
Aquí entramos en otro debate. Algunas formas femeninas como presidenta, alcaldesa o jefa se han aceptado con el tiempo, aunque originalmente no existían. Estas palabras surgen por presión social y necesidad de representación, lo cual es completamente legítimo.
No obstante, hay quienes argumentan que esas formas no siguen siempre una lógica gramatical natural. Por ejemplo, si decimos presidenta, ¿por qué no presidento? Bueno, ahí entra el criterio del uso: si una palabra empieza a usarse por muchos hablantes, la lengua termina por aceptarla. Y eso también es parte de su evolución.
El español cambia, pero no se rompe
El español es un idioma vivo, en constante cambio. Lo que hoy nos parece raro, mañana puede estar en el diccionario. Pero para que un cambio se consolide, necesita respetar cierta lógica interna, y sobre todo, ser comprensible y útil para todos los hablantes.
Usar signos como @, x o e (como en todxs o todes) puede tener valor simbólico y político, pero no siempre es práctico ni correcto desde el punto de vista lingüístico. Y eso no significa que no podamos hablar con respeto, sensibilidad e inclusión. Al contrario, tenemos muchos recursos dentro del idioma para lograrlo sin complicarnos la vida.
En resumen: ¿usar o no usar la @?
Depende. Si estás escribiendo un cartel informal o un mensaje de WhatsApp y quieres que se entienda que hablas de todos y todas, usar la @ puede ser un gesto simpático. Pero si estás redactando un texto académico, un correo profesional o una publicación pública, mejor optar por formas inclusivas reconocidas por la gramática.
Y si lo que quieres es ser creativo, moderno y claro, recuerda: el mejor lenguaje inclusivo es el que todos entienden.
¿Te sorprende la historia de la arroba? ¿Y tú, cómo sueles escribir cuando quieres hablar de todas las personas? ¿Usas la @, la x, la “e”… o prefieres buscar otras palabras? Cuéntanoslo y, mientras tanto, sigue explorando las maravillas del español con nosotros.




